3/11/2014

La Magna Mater

La Madre Naturaleza era adorada desde el Paleolítico. Su culto se extendió lentamente por el mediterráneo, cada pueblo asimilándola a su manera, arraigando especialmente en Roma.
Cibeles era conocida en Roma como la Magna Mater.
La Magna Mater, Gran Madre, Madre Tierra, era una divinidad de origen frigio, cuyo culto arraigó en Roma desde el siglo III a.e.c. ….La diosa se asocia con la fertilidad, cosechas y frutos.
Roma adoptó y desarrolló su culto, reclamando el alistamiento militar en las Guerras Púnicas. Reinventándola como una diosa de Troya, y por lo tanto una diosa ancestral del pueblo romano por medio de Eneas. Roma autorizó y promovió su culto. La Mater Magna protegía las ciudades del Imperio y la agricultura.
Augusto identificó la iconografía del culto Imperial con la emperatriz Livia como equivalente terrenal de Mater Magna.
Su templo se localizaba en el Palatino y su festividad se celebraba el 4 de Abril, las fiestas Megalenses.
Curioso era el ritual religioso relacionado con la diosa Cibeles, el Taurobolium. Un ritual de sangre con gran arraigo hasta el siglo IV. Aunque varios con el paso de los años. El devoto se situaba bajo una plataforma agujereada en una fosa. Sobre la plataforma se sacrificaba el animal, dejando que su sangre le bañara.
El culto a la Magna Mater tuvo en Hispania gran aceptación, se han documentado una treintena lugares con inscripciones, entre ellos Palencia, Menorca, Córdoba, Mérida, León….. 
Atis era la deidad amante de Cibeles. Su culto se extendió más por el este y sur peninsular.

El museo Magna Mater, se localiza en Las Cuevas de Soria. Se ha elegido la figura de la diosa Magna Mater para presentar el proyecto de puesta en valor de tres villas romanas más emblemáticas de la provincia de Soria: “Los Quintanares” de Rioseco de Soria, “Los Villares” de Santervás del Burgo y “La Dehesa” de Las Cuevas de Soria.

Villa romana de la Dehesa, imágenes y más info: http://tarraconensis.com/soria/ladehesa.html

7/7/2014

Dacronibus, el “dios” Draco de Sagunto.

Una importante pieza se incorpora a la colección arqueológica del Museo Histórico de Sagunto. Se trata de un ara votiva de época romana, un pequeño altar con inscripciones que se utilizaba como ofrenda. Esta datada en los siglos I -II.
El altar fue hallado en el patio de la Casa dels Berenguers reutilizada como material de construcción en un muro.


Se puede leer en latín en la primera línea D R A C O N I B V S, en la segunda P - B A E B - H E R M A y la tercera V S L A. 
La primera línea corresponde a dedicatoria: “para Draconibus”. La segunda línea corresponde al nombre de quien la ofrece, que es el liberto de origen griego, Publio Baebio Herma, y la tercera línea hace referencia a las iniciales de “ha cumplido su voto con buen ánimo”.
La catedrática Carmen Aranegui desvela que el enigmático Draconibus aparecido en un altar es una referencia «a los dragones» (Draco) y no a una desconocida divinidad local.
Es la primera inscripción que se ha hallado en España que menciona a esta deidad.
En el mundo romano Draco era representado por una serpiente. La divinidad está relacionada con las aguas termales subterráneas y se le atribuyen propiedades curativas.
La pieza es de caliza travertínica con unas dimensiones de 25 x 25 cm. Se cree que procede de las canteras de Viver. Además, conserva restos de pintura roja original en algunas letras (óxido de hierro con aglutinante), que se conserva en pocas ocasiones. Presenta doble moldura corrida en tres de sus lados. En la parte anterior las molduras enmarcan la inscripción y la trasera no tiene moldura puesto que está preparada para adosarla. Las letras tienen unas dimensiones 2.5 a 3 cm y la moldura es de 1.5 cm.

28/2/2014

La justicia en Roma, los abogados, advocatus y los jueces, duoviri

La abogacía era la más "noble" de las profesiones, era el único camino para hacer carrera pública y ascender en la administración del Estado.
Al principio sus practicantes no cobraban. A partir de Nerón se consideró lícito y razonable que un abogado percibiera una cantidad por los servicios prestados; aunque privadamente ya hacia tiempo que era común que se recompensara al abogado por sus servicios. Claudio fijo el tope máximo de la minuta de un abogado en diez mil sestercios. Valentiniano III determino los requisitos de los abogados y sus fines.
En Roma abundaban los malos abogados, y como es normal los honorarios variaban en base a su calidad profesional. Una presentación adornada y el arte retórico era muy usado en el juicio. Los juicios celebrados en una esquina del Foro eran muy espectaculares y atraían a mucha gente. Demandado y demandante solían comparecer con sus peores ropas, demacrados y con barba de varios días para conmover la compasión del juez.
En época de Justiniano los abogados se asociaron en colegios.
Los causadici, eran los abogados que tenían la clientela más pobre, y recibían por sus servicios algún regalo.
El hurto y el robo eran delitos pertenecientes al ámbito del derecho privado, y era necesario tener medios para hacer comparecer al delincuente frente a un tribunal y mas cuando este era un delincuente poderoso.
Los delitos eran juzgados por los jueces, duoviri, pero algunos delitos tienen jueces especiales:
Los duoviri perduellionis para la insurrección, los quaestores paricidii para el asesinato. La pena, poena, era fijada por el juzgador.
Unos funcionarios especiales, los tres viri nocturni se ocupan de las cuestiones relacionadas con incendios nocturnos, la “policía” de seguridad y vigilancia de ejecuciones.
La tortura sólo puede aplicarse a los esclavos y la detención preventiva era la norma general.
La pena capital era aplicable a los delitos contemplados en la ley y a quien alterara la paz pública. 

A los testigos falsos se les arrojaba desde una altura, a los ladrones de mieses se les colgaba y a los incendiarios se les quemaba vivos.
Existía el derecho de apelación, provocatio y el indulto correspondía al pueblo. Tipos especiales de indultos:
El que se arrodillaba ante un sacerdote de Júpiter no podía ser apaleado en veinticuatro horas, no se podía entrar encadenado en su propia casa debía ser desatado. El condenado que al dirigirse a una ejecución se tropezaba con una Vestal, era perdonado.
Las penas aplicadas más frecuentemente eran las multas y el apaleamiento.
En caso de robo el ladrón podía pagar una reparación satisfactoria. Si no podía o era irreparable el ladrón se convertía en esclavo del robado. En los casos de injurias se concertaba una indemnización. En los casos de lesiones podía reclamarse provocar el mismo daño...

8/12/2013

El Circo romano de Valencia

El Circo romano de Valencia data del siglo II. El circo estuvo en funcionamiento hasta la segunda mitad del siglo V. En época visigoda y árabe se reutilizó como muralla y se edificaron viviendas y zonas de cultivo en su interior y alrededor.
Se localizaba a extramuros de la ciudad, al este del foro.
Es la construcción más monumental erigida por los romanos en la ciudad de Valencia, mide 350 metros de largo por 70 de ancho. Los muros que se han encontrado tenían cuatro metros de ancho y cinco de alto. Estaban construidos de hormigón en los extremos y rellenados con piedras de río y tierra prensada en su interior.
Solo cinco circos en España tenían unas medidas similares y una capacidad para unas 10.000.- personas, que argumentan las características de ciudad imperial que tenía la Valentia romana.
Los circos conocidos en Hispania son los de Mérida, Toledo, Córdoba, Tarragona, Sagunto, Calahorra, Santiago do Cacem, Itálica, Segóbriga, Alhambra y Valencia.
Había cuatro equipos, rojos, azules, blanco y verdes.
El primer tramo del circo se localizó en 1987 durante unas obras calle Barón de Petres y fueron dos basamentos de piedra de la zona de las carceres. En 1988 apareció el primer tramo de muro, el occidental; y en 1990, el oriental en la calle Comedies. En 1993 se encontraron sendas muestras deterioradas de los muros interno y externo del circo. En 1995 se halló un fragmento de la cabecera semicurva de meta y salida en la calle de la Paz. En 1997 la spina en San Juan del Hospital.
La mayoría de restos del circo aunque se conservan, no se pueden visitar porque tras documentarse se decidió taparlos y construir sobre los mismos, en contra de las recomendaciones de los arqueólogos. Las excavaciones que se llevaron han permitido identificar diez partes del circo de las cuales solo tres se pueden visitar.
La spina en San Juan del Hospital, en la calle Trinquete de Caballeros. En el restaurante Soho en la calle Comedias con la calle del Mar, restos de un muro del graderío y parte de la arena y en el Caro Hotel, calle Almirante, tres remates de los obeliscos de la spina y una cornisa.


1.- Las carceres. Calle Barón de Petres.
2.- Muro occidental. Plaza de Nápoles y Sicilia.
3.- Arena. Plaza de Nápoles y Sicilia.
4.- Muro occidental. Calle del Palau.
5.- Muro oriental. Calle Trinquete de Caballeros.
6.- Muro occidental. Calle del Miracle.
7.- Muro oriental. Calle Trinquete de Caballeros.
8.- Spina. San Juan del Hospital.
9.- Muro oriental y arena. Calle de les Comedies- Calle de Mar. Rte Soho
10.- Cabecera semicircular. Calle de la Paz. 

8/11/2013

El mundo de los muertos en la antigua Roma

Hoy 8 de noviembre, en el calendario romano era el último día que se consideraba abierta la puerta del mundo subterráneo que comunicaba el reino de los muertos con el de los vivos. “Mundus Patet”. El mundo está abierto. El mundo era la puerta de los Infiernos, que permanecía siempre cerrada, excepto tres días al año. El 24 de agosto, el 5 de octubre y el 8 de noviembre.

Según la Ley de las XII Tablas, los monumentos funerarios de los romanos se situaban fuera de los límites de la ciudad a ambos lados de la calzada, y con frecuencia se adornaban con jardines. Existían una gran cantidad de plantas para adornar el jardín dependiendo de las propiedades y de la simbología con la que se deseara realizar el monumento funerario.
Los jardines eran de distinta forma y dimensiones. La Cepotaphia era el término que denominaba la forma de monumento funerario más evolucionado que ocupaba una amplia parcela rodeada de jardines diseñados para ornamentar dicho monumento. Un claro ejemplo son las necrópolis de Pompeya.



La familia romana estaba tan unida que al fallecer uno de sus miembros pasaba a formar parte de los antepasados a los que había que rendir culto. Ya era uno de los protectores de la familia, los Manes, que se les rendía culto manteniendo vivo el fuego del hogar. La tumba adquiría la categoría de altar, símbolo de la vida sedentaria. Debía de estar en el suelo y no podía cambiar de lugar, ya que los Manes exigían una morada fija a la que estaban vinculados todos los difuntos de la familia. El espacio del enterramiento, sepulchrum, adquiría el carácter de lugar sagrado, locus religiosus, inamovible, inalienable e inviolable. Solo podían acceder a él los familiares. Las partes externas, la momumenta, sí que se podía transforma y redecorar.

Siempre que las circunstancias y la muerte lo permitían, el funeral daba inicio en casa del difunto. La familia acompañaba al moribundo a su lecho, para darle el último beso y retener así el alma que se escapaba por su boca. Tras el fallecimiento, se le cerraban los ojos y se le llamaba tres veces por su nombre para comprobar que realmente había muerto, conclamatio. A continuación se lavaba el cuerpo, se perfumaba con ungüentos y se le vestía.
Por ley estaban prohibidos los lujos en los funerales, pero permitían colocar sobre la cabeza del difunto las coronas que había recibido en vida. Siguiendo la costumbre griega se depositaba junto al cadáver una moneda para que Caronte transportara su alma en barca y atravesar así la laguna Estigia hacia el reino de los muertos.
Finalmente el cuerpo del difunto se colocaba sobre una litera con los pies hacia la puerta de entrada, rodeado de flores, símbolo de la fragilidad de la vida y se quemaban perfumes. Según la condición social permanecía expuesto de tres a siete días. En la puerta de la casa se colocaban ramas de abeto o ciprés para avisar a los viandantes de la presencia de un muerto en el interior. Como señal de duelo evitaban encender fuego en la casa.
Hasta finales del siglo I, el funeral era celebrado por la noche a la luz de las antorchas, ya que la muerte era un suceso desgraciado y contaminante. A partir de esta fecha comienzan a realizar los ritos por el día, excepto los de los niños, suicidas e indigentes.

Había dos tipos de enterramientos inhumación o incineración. 
El transporte a la pira funeraria o a la tumba, se realizaba colocando al difunto en una caja de madera abierta que se colocaba sobre una especie de camilla para transportarla o era llevada a hombros por su familia. Detrás del difunto se situaba el cortejo fúnebre formado por el resto de la familia y sus amigos. A veces se acompañaban de músicos que tocaban trompetas y flautas o de mujeres que expresaban el dolor llorando o golpeándose en el pecho.
La humatio, era esencial en el funeral. Consistía en arrojar tierra sobre el cuerpo del difunto o sobre parte de él, según se tratara de una inhumación o una incineración. La tumba se consagraba con el sacrificio de una “cerda” y una vez construida se llamaba tres veces al alma del difunto para que entrara en la morada que se le había preparado.
Durante la ceremonia funeral se realizaba un acto de purificación para las personas que habían estado en contacto con el cadáver.
Antes de la sepultura la tumba se purificaba limpiándola y después utilizando agua se limpiaba a las personas que habían asistido al funeral.
En época altoimperial y al entrar en contacto con culturas como la griega, el más allá se concebía como una región subterránea, en la cual vivían reunidas todas las almas, lejos de sus cuerpos recibiendo premios o castigo según la conducta en vida.

La creencia de otra vida tras la muerte motivaba que el individuo fuera enterrado con objetos que había utilizado en vida y que ahora podían acompañarle y servirle en esta nueva vida: ropa, cerámica, utensilios de trabajo, etc. Junto a estos objetos también se colocaban otros relacionados con el ritual funerario: la lucerna que iluminaba el camino hacia el más allá, la moneda para pagar a Caronte, recipientes para alimentos o ungüentarios para los perfumes.

Durante los nueve días siguientes al funeral, se realizaban ritos que finalizaban con una comida y el sacrificio de un animal. Los alimentos y la sangre de los animales sacrificados eran ofrecidos a los antepasados del difunto, los dioses Manes, y al individuo fallecido para así divinizar su alma y situarla junto a las divinidades protectoras de la familia.
El tiempo de luto para los familiares directos era de diez meses y no podían realizar fiestas ni utilizar adornos.
Las tumbas estaban dotadas de elementos para poder celebrar banquetes funerarios con los que sus seres queridos honraban al difunto: tubos de libación, cenadores, exedras y pozos. Frecuentemente de realizaban ofrendas de huevos, judías, lentejas, vino etc... y flores como violetas y rosas eran habituales y se hacían llegar al difunto a través de un conducto de cerámica o de un orificio situado en la cubierta de la tumba, el tubo de libaciones. El vino era un sustituto apropiado de la sangre, la bebida favorita de los muertos. En ocasiones especiales se sacrificaban animales y se hacía una ofrenda con sangre.

Las atenciones al difunto aseguraban su descanso eterno. Estos actos eran realizados por la familia el día de cumpleaños del difunto. Los difuntos eran honrados de forma general los días de Parentalia, que tenían lugar entre los días 13 y 21 de febrero. Otras fiestas dedicadas a los difuntos y más antiguas fueron las Lemurias, celebradas el 9, 11 y 13 de mayo. Durante estos días las almas cuyos cuerpos no habían recibido sepultura rondaban las casas y el padre de familia realizaba un ritual con habas negras para alejar a los espíritus errantes. Se levantaba, se lavaba las manos como señal de purificación y se metía las nueve habas negras en la boca. Descalzo por la casa iba escupiendo las habas una a una, para que alimentasen a los Lemures, espíritus malignos que atormentaban y dañaban a los vivos, y pronunciaba las palabras del ritual. Al finalizar volvía a lavarse las manos, y sin mirar atrás hacia sonar un platillo y volvía a recitar las oraciones. Así los Lemures habían abandonado la casa y volvían al mundo de los muertos.
Los difuntos a los que no se había dado sepultura o celebrado el ritual funerario vagaban errantes sin morada, causando la desgracia a los seres vivos y asustándolos con apariciones nocturnas, hasta que daban sepultura a sus restos y cumplían el ritual funerario. Por ello, incluso a los que morían lejos de la familia y su cuerpo era enterrado en otras tierras, se le celebraba el ritual completo.


La incineración consistía en reducir el cadáver a cenizas. Los romanos creían que el alma podría volver a su lugar de origen, el cielo.
La ceremonia se celebraba sobre una pira con forma de altar, sobre la que se depositaba el ataúd con el cadáver. Se le habrían los ojos para que simbólicamente pudiera mirar como su alma de dirigía hacia el cielo. Se sacrificaban animales queridos por el difunto y se incineraban junto a él. Antes de quemar el cadáver se le cortaba un dedo y se arrojaban tres puñados de tierra que simbolizaban su enterramiento.
Como manifiesto de dolor los familiares y amigos más íntimos arrojaban sobre la pira ofrendas de alimentos y perfumes. Se le nombraba por última vez y volviendo la cara se incendia la pira con las antorchas llevadas en el cortejo fúnebre. El rito concluía vertiendo agua y vino sobre la pira. Se despedía a los asistentes y éstos se despedían del difunto deseándole que la tierra le fuera leve.
Las principales inscripciones funerarias de los romanos eran D.M.S., Dis Manibus Sacrum ("Consagrado a los Dioses Manes"), H.S.E., -Hic Situs Est- ("aquí está enterrado"), o S.T.T.L., -Sit Tibi Terra Levis- ("que la tierra te sea leve"). No solía figurar el día de la muerte, se indicaba la edad del difunto, el nombre o la familia a la que pertenecía y finalmente se inscribían unas palabras afectuosas para con el difunto: queridísimo, benemérito, etc.
Una vez consumida la pira, los familiares recogían en una tela blanca los huesos calcinados y los enterraban en el mismo lugar de la pira o los depositaban en una vasija para depositarlo en un columbario. A finales del siglo II, principios del siglo III las incineraciones fueron sustituidas por las inhumaciones en todo el Imperio, excepto los enterramientos infantiles que continuaban incinerándolos. Los tres tipos de enterramientos eran: Los columbarios de carácter familiar o colectivo, en cuyas paredes y suelo se depositaban las urnas con los restos del difunto. Las fosas simples escavadas en el suelo, en cuyo interior se depositaban las ceniza y restos del difunto y; la fosa con caja de ladrillo y cubierta de mármol en las que se recogían las cenizas directamente o eran alojadas en una urna.
Un columbario es un monumento funerario muy común en la antigua Roma. Su nombre (del latín columba, paloma) viene dado por la forma de los loculi, espacio destinado a cada una de las urnas cinerarias, semejantes a los habilitados para nidos en los palomares. Surgen en Roma a mediados del siglo I a.e.c., como enterramientos colectivos pertenecientes a corporaciones funerarias en contraposición a mausoleos familiares y tumbas aisladas. Permanecieron en uso hasta el siglo II-III. Su morfología, dentro de una tipología definida, y su decoración eran muy variadas.

Con la expansión del Imperio y la continua movilización de sus gentes, fue frecuente la asociación de individuos en su mayoría libertos y esclavos, en colegios funerarios, collegia, que les asegurase unos funerales dignos y el mantenimiento de sus ritos.

Los romanos disponían de una gran variedad de tumbas. Dependía de la importancia y riqueza del difunto
La tumba en caja, con tegulae puestos en vertical formando la caja, y otras tegulae haciendo las veces de cubierta, puestas en horizontal.
La tumba a doble vertiente, con tegulae como base y como cubierta. En las juntas había ímbrex (tejas) que sellaban los espacios.
Cajas hechas de obra, con piedras formando los cuatro lados de la tumba.
Cajas de madera cerradas con clavos.
Ánforas, que se solían utilizar en los entierros infantiles.
Para identificar y adornar las tumbas se instalaban lápidas, estelas y estatuas, que recordaban la vida y hazañas del difunto.

Los romanos creían que las almas de los difuntos viajaban al mundo subterráneo donde reinaba el dios Plutón. Las almas eran conducidas por el dios Mercurio. A este mundo accedían atravesando la laguna Estigia, en una balsa conducida por Caronte, que previo pago les conducía a la otra orilla.

El mundo subterráneo estaba custodiado por un perro de tres cabezas Can Cerbero. Allí las almas eran juzgadas y tras el veredicto eran conducidas a la región de las almas bondadosas o malvadas. Siete eran las zonas que se diferenciaban en el mundo de los muertos: La primera estaba destinada a los niños, no natos, y no podían haber sido juzgados. La segunda es donde estaban los inocentes ajusticiados injustamente. La tercera correspondía a los suicidas, la cuarta era el Campo de Lagrimas donde permanecían los amantes infieles. La quinta estaba habitada por héroes crueles en vida, la sexta era el Tártaro donde se procedía al castigo de los malvados y por último la séptima, los Campos Elíseos, donde moraban en la eterna felicidad las almas bondadosas. Allí la primavera era eterna y se podían bañar en las aguas termales del río Leteo, que hacían olvidar a los muertos su vida pasada. Este paraje era identificado con las Insulae Fortunatae, Las islas Canarias.

2/10/2013

La esclavitud en el Imperio Romano

Los esclavos, servi, eran la base de la economía romana. Cualquier romano medianamente acomodado tenía un esclavo a su servicio y curiosamente existían empresas de servicios que alquilaban esclavos.
Al principio los esclavos eran cosas, res, como un animal. No tenia ni nombre de persona, a ellos se dirigían con el apelativo genérico de puer, niño, tuviera la edad que tuviera. No tenía derechos ni obligaciones, ni podía casarse, pero sí emparentarse en contubernium. En época imperial la situación de los esclavos evolucionó, gracias a la nueva moral su vida se hace "más humana". En el siglo II gracias a las influencias estoicas se decretan una serie de leyes: la madre y sus hijos pequeños no se pueden separar, no se puede matar a un esclavo por capricho. A pesar de estas mínimas consideraciones y de la nueva moral, nadie se cuestionaba la licitud de la esclavitud, ya que era la mano de obra barata y necesaria de la sociedad romana. Desde el año 50 a.e.c. hasta el 150, el Imperio demandaba cada año más de 500.000 esclavos.
Los esclavos provenían en su mayoría de los prisioneros hechos durante las guerras y conquistas, por haber nacido de padres esclavos, por haber sido vendidos por sus padres, ser niños abandonados o hombres libres condenados a la esclavitud por sus deudas o incluso algunos se vendían para no morir de hambre o para formar parte del servicio de una casa importante, como administrador de fincas, gerente o como tesoreros del Emperador. 
Los esclavos eran expuestos sobre una tarima giratoria, catasta, y portaban colgado del cuellos el titulus, donde se especificaba su procedencia, edad, habilidades y defectos. Estas transacciones estaban reguladas por un edicto de los ediles, magistrados encargados de supervisar el mercado y cuya labor principal era evitar que el vendedor engañara al comprador. El vendedor estaba obligado por ley a informar de los defectos físicos, enfermedades, carácter,......
Los hijos de los esclavos eran ilegítimos y propiedad del dueño de la madre, no podían acceder a la propiedad aunque algunos podían disponer de un peculium, ahorros, siempre que el amo lo permitiese.
El precio de un esclavo variaba, los artesanos y obreros especializados, ordinarii, valían hasta quince veces más que un simple acarreador, vulgares. Por un buen tutor o un buen cocinero podían llegar a pagar miles de sestercios.
En los contratos de compraventa se podían incluir cláusulas, como que la esclava no ejerciera nunca la prostitución, o que el esclavo estuviera siempre encadenado.
Esclavitud, violencia, explotación sexual y el maltrato estaban íntimamente ligados. Los esclavos estaban siempre expuestos a agresiones sexuales por parte de cualquier hombre libre e incluso por un esclavo de rango superior. La prostitución era un negocio de mujeres y menores esclavos. 
Cuando un esclavo se fugaba, se ponía precio a su captura, pero este solía trasladarse de región o se unía a los asaltadores en las montañas. Si un amo creía que su esclavo planeaba huir, acudía al herrero y le colgaba del cuello una argolla con un placa en la que se leía “he escapado, detenme” o “captúrame y llévame a .....” Si era capturado se le propinaba una paliza descomunal, se le rompía una pierna o se le grababa en la frente con un hierro candente, un inscripción, stigma nota, fug, kai o fur. Si era condenado a muerte, se le podía crucificar, quemar vivo.....
Famosa es la rebelión de los esclavos capitaneados por Espartaco en el año 73 a.e.c., y la conspiración del 24 en el sur de la península itálica.
En algunas casas, el esclavo se consideraba casi como un miembro más de la familia, sobre todo cuando nacía en la casa o se había criado con sus amos. Tenía ventajas sobre los esclavos más nuevos, se le permitía una cierta autonomía. Algunos esclavos que servían fielmente a sus dueños se ganaban o compraban su libertad, manumissio y se convertían en libertos. Varias eran las formulas para liberar a un esclavo; inscribiéndolo en el censo de hombres libres, censu, a través de testamento o delante de testigos, interamicos, dándole la carta de libertad, per epistolam, u organizando un banquete e invitarle a la mesa de los hombres libres, per memsam.
Cualquier liberto quedaba de por vida ligado a su antiguo amo a través del compromiso de fidelidad de la clientela y el amo seguía cuidando de él como miembro más de la casa. En la vejez lo cuidará en casa o le otorgará una pensión para que pueda vivir, alimenta. Cuando moría el amo, el liberto acudía a su entierro con el gorro frigio. Los esclavos domésticos solían quitar intimidad a sus amos, pero los lavaban, vestían.... y algunos eran más listos que sus amos y eran ellos los que les llevaban los negocios, mientras el amo se dedicaba a vivir la vida. Hay terratenientes que tenían más de 20.000.- esclavos.
Los esclavos estaban divididos en collegia, cuadrillas, integradas por diez esclavos, decuriae, bajo las ordenes de un capataz, praepositus.
Muchos libertos se enriquecieron, pero eran odiados por los pobres y esclavos que les acusaban de ser viciosos y crueles y por la clase adinerada por arrogantes y faltos de modales. Un ejemplo que nos retrata fielmente la vida de un liberto es el Satiricón.
También son destacables las aras funerarias que amos, esclavos y libertos se dedicaron mutuamente en agradecimiento.
El ritmo de nuevas manumisiones al final de la República era tan alto que hizo que Augusto aprobara una ley restrictiva, la Lex Fufia Caninia, en la que se establecía un máximo de liberaciones en función del número de esclavos que se poseía. Existía un déficit de esclavos que se solucionó con la sustitución de esclavos por libertos en las ciudades y más tarde en las zonas rurales los esclavos fueron sustituidos por colonos, agricultores que trabajaban en virtud de un contrato.
Lamentablemente la esclavitud nunca fue abolida en Roma.

4/8/2013

Sagunto Romana. Museo de la Vía del Pórtico y la Domus dels Peixos


El Museo de la Vía del Pórtico
Bajo lo que era un campo de fútbol los arqueólogos hallaron restos de un pórtico y un tramo de la famosa Vía Augusta, con más de cinco metros de ancho lo que hace suponer que era de doble circulación. Año 1991.
“Portici Vía”. Antigua vía funeraria del siglo I de entrada a la ciudad. En el siglo II la zona se monumentaliza, se construye un templo dedicado al culto, y la vía se convierte en una calzada urbana. En los siglos III-IV, se transforma en una zona de viviendas y se reduce el ancho de la vía.

En el museo de la Vía del Pòrtic se pueden contemplar los 60 metros lineales de calzada romana con pórtico a ambos lados y cloaca central. 
Restos de unas estructuras funerarias donde se practicaba el rito de incineración, pertenecientes a un mínimo de seis estructuras funerarias de planta rectangular, en distinto estado de conservación. 
Vestigios de un gran edificio monumental de la época alto imperial romana, un Templo dedicado al culto y cimentación de un probable arco monumental.
Conjuntos de estructuras de carácter privado de época bajoimperial.
Una necrópolis de inhumación visigoda. Es en época visigoda cuando se anula la cloaca y se utiliza como espacio de enterramiento. 
Dos viviendas musulmanas reutilizadas en época cristiana y otras estructuras destinadas al uso privado.
En la fase II, han aparecido unos ejes que forman unas domus con la forma de una manzana, así como restos de una calzada romana, que hace una intersección con la ya recuperada en la primera fase. La visita guiada incluye, ahora, el recorrido por el nuevo espacio dónde se aprecia perfectamente la disposición de las viviendas en un periodo que abarca desde Altoimperial Romano hasta la época Medieval.



 Domus dels Peixos
La Domus dels Peixos se descubrió en 2002 con la demolición del cine Marvi, los arqueólogos documentaron la existencia de una domus romana de época alto imperial. La planificación axial de la domus es la típica vivienda pompeyana. Es una vivienda romana que data del siglo II. Un eje central por el que se accede a la vivienda desde la calle; el vestíbulum; un atrio con impluvium, en cuyos murales se pueden apreciar los motivos de peces que han dado nombre a la vivienda; y un tablinium. También se puede distinguir una tabernae a un lado de la entrada de la casa, con acceso tanto a la calle por el exterior y a la vivienda por el interior, por lo que se deduce que el dueño de la domus era también el dueño de la tabernae. Otras estancias documentadas son una culina y un balneo. La casa fue abandonada en el siglo IV.


10/7/2013

Las armas químicas en la antigüedad

Desde la antigüedad los cazadores untaban las puntas de sus flechas con veneno de escorpión, serpiente o hierbas. Seguramente usaron estos venenos contra sus semejantes.
Numerosos textos clásicos hacen referencia al uso de humos tóxicos por griegos y fenicios. Pero era la dirección del viento la que dictaba hacia donde se dirigía la nube y quien sería la víctima. Las tropas de Alejandro Magno en el año 332 a.e.c fueron repelidas durante el asedio de Tiro por humos tóxicos.
Pero es en Siria en el 256 a.e.c. donde se ha encontrado la prueba más antigua del uso de armas químicas. Fue a orillas del Éufrates, donde los persas en la batalla de Dura Europos, gasearon a una veintena de soldados romanos, con una nube tóxica de betún y azufre, en una emboscada en un túnel bajo la muralla de la ciudad.
El general cartaginés Aníbal, durante una batalla naval en el año 184 a.e.c., ordenó lanzar vasijas de barros llenas de víboras a las naves enemigas.
Plutarco nos cuenta que en Hispania en el siglo I a.e.c, los romanos usaron una mezcla de arena, cal viva y azufre contra las tropas celtíberas. La nube tóxica era esparcida por caballos al galope, cegando a los celtíberos. Cuando llegaban los legionarios romanos, los celtíberos estaban tosiendo, cegados e indefensos.
El envenenamiento de los pozos de agua, el lanzamiento de animales en descomposición, era una práctica muy común de las legiones romanas.
Los bizantinos en el siglo VI, inventaron el denominado fuego griego. Fue en una batalla contra los árabes. Se cree que estaba compuesto de nafta, azufre, cal viva y nitrato. Era muy utilizado en las batallas navales porque no se podía apagar con agua.